domingo, 12 de febrero de 2017

Sin título



De ni saber de qué se trata;
del pasar del repetitivo tiempo.
Del trance y la confusión reprimidas;
de un grito ensordecedor que aguarda.


Ni un segundo cae en saco roto,
eso por sentado.
Ni tampoco espero redención
de la palabra ilustrada e ilustradora;
ni consejo oxidado,
ni desdén en la mirada.

Y viene. Y otra vez.
Y otra.

El impulso sigue aletargado; 
rezagado en un no sé por qué
absurdo e indefinido 
que ya me conozco.

La vergüenza... 
Bonita verdad.
Triste, sí...
Pero cuánto enseña.

En realidad lo sé todo.

Al menos lo mío.

Cuántas noches,
y tan pocas perdidas.

Y la suerte hecha una artimaña
contra mí mismo.
Pero ya da igual.

Casi puedo levitar
pensando en las lágrimas
que se me vienen a los ojos,
del recuerdo,
de unos versos
que salen del alma.

De ingravidez inducida
o ganada;
a puño y letra.

Esta noche descanso
con una mirada clara
y despojada de errores.
Y aún no siendo todos,
abrazo a la vida
por esta vía 
tan precisa y pura,
que eres tú, querida amiga...
Vieja amiga...


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