domingo, 12 de febrero de 2017

Danza siniestra



El paso decisivo andes
del esperado momento.
Balanceos inseguros,
casi etéreos.

Agua oscura y constante,
el aire que respiro ya no sana.
Quito las manos del volante;
espero ya no haya un mañana.

El silencio me abruma
y se estremece el tiempo.
Todos, y yo, al unísono.

La fuerza casi despierta, 
recupero un ápice de cordura
y lo desecho presuroso
por si caigo en su trampa.

¿O es ella la que cae en mí?

Miro atrás con un nudo en la garganta.
El café y el sol.
La amistad y las vistas.
Los ojos profundos que inspiran.
Y las luces del puerto por la tarde.

La vida ya no me gana;
es el pícaro el que gana la jugada.
Ya no espero un momento;
fumo fuerte y amo de verdad.

Sujétala enfurecida, tu vida.
y siente con el pecho,
que ya habrá tiempo pa' arrepentirse.

Sin título



De ni saber de qué se trata;
del pasar del repetitivo tiempo.
Del trance y la confusión reprimidas;
de un grito ensordecedor que aguarda.


Ni un segundo cae en saco roto,
eso por sentado.
Ni tampoco espero redención
de la palabra ilustrada e ilustradora;
ni consejo oxidado,
ni desdén en la mirada.

Y viene. Y otra vez.
Y otra.

El impulso sigue aletargado; 
rezagado en un no sé por qué
absurdo e indefinido 
que ya me conozco.

La vergüenza... 
Bonita verdad.
Triste, sí...
Pero cuánto enseña.

En realidad lo sé todo.

Al menos lo mío.

Cuántas noches,
y tan pocas perdidas.

Y la suerte hecha una artimaña
contra mí mismo.
Pero ya da igual.

Casi puedo levitar
pensando en las lágrimas
que se me vienen a los ojos,
del recuerdo,
de unos versos
que salen del alma.

De ingravidez inducida
o ganada;
a puño y letra.

Esta noche descanso
con una mirada clara
y despojada de errores.
Y aún no siendo todos,
abrazo a la vida
por esta vía 
tan precisa y pura,
que eres tú, querida amiga...
Vieja amiga...